Acoso
Acoso, pasado, presente y futuro Apretemos el botón de Stop.
El dolor más fuerte e insoportable es ¡Un Acoso!
Si hoy me preguntaran ¿Cómo puedo salir de un acoso?, ¿Qué es el acoso? No sabría contestar a ambas preguntas, porque cada persona vive una experiencia diferente y que tienen en común un dolor, ese dolor lo sufre mental pero cuyo tratamiento no es genérico y aún creo que no existe, consejos, autoestima, salir y pasear, desde luego no son el principio ni mucho menos una salida limpia. El acoso es muy variable y puedo asegurar que se manifiesta a través de múltiples formas, insistiendo que único nexo de unión es el dolor y la negritud con la que convives.
¿pero existe el acoso o no aceptación de uno mismo?, ¿es igual que el acoso ajeno?, son varias las diferencias, entre ellas, el acoso hacia el rechazo de uno mismo es el más complejo de todos al igual que el menos frecuente ya que no tienes una figura referente del acosador o acosadora, al cual, se pueda llegar a detener por varios cauces todos legales, estableciendo un acuerdo, dando un motivo, pidiendo explicaciones, pero tener que luchar contra tu mente es jugar a las damas y quedar en tablas, varios motivos pueden conducir a ese efecto tan nocivo y tan dado al suicidio, no te aceptas como persona, quizás porque no le ves aliciente a la vida, pasas por varios traumas de infancia, tienes algún problema y no te puedes identificar, otras causas personales que no deseas compartir con la sociedad y son extremadamente delicadas, pero eso es otro tema que ya pasaría a manos de un especialista en psiquiatría, sin embargo el veneno poderoso del que acosa a una persona es terrible, tu vida se convierte en una neblina densa, en un sin vivir, te cambia el carácter, dejas de tener autoestima, vives asustado, descuidas la higiene y aparece la humedad, si, esa humedad que es el andar mucho por el mismo asfalto de tu mente, donde si que te muestra salidas las de emergencia, pero no son como las físicas que puedes encontrar en cualquier establecimiento, sino que esas salidas son poner fin a tu vida.
Empieza el primer signo de acoso, ausencias a clases, al trabajo, enfermedades fingidas para poder quedarte aislado en tu espacio que te haces como un nido, mientras el desaliento y la paz no existen, no puedes escuchar música, no puedes ver televisión, te dificulta el sueño, tu sistema digestivo cambia por completo, aparecen escalofríos, sudoraciones taquicardias, mal aliento, sequedad en la boca, ojos rojizos, cansancio que no satisfaces y ya las relaciones sexuales ni hablemos.
La voracidad por conseguir una estabilidad es tan fuerte que no podemos controlar los pensamientos, al negar el cerebro participar dentro de su positividad, ¿pero baja la serotonina?, algo sí, pero no es la bajada de serotonina normal que suele darse en una depresión cualquiera, esa serotonina es diferente, ¿pero hay serotonina diferente?, no físicamente, pero hablemos de la mente, algo inmaterial, nadie te puede sacar la mente y proceder a una operación, esa serotonina es compleja y al mismo tiempo fácil de recuperar si se consigue salir del subsuelo donde te ha llevado tu pensamiento, dándote a entender que no hay día en que no me suceda nada malo, no puedo remontar, me estoy hundiendo y hago falta a mis hijos, a mi marido, a mi esposa a alguien en definitiva, pero luchas y luchas con todas tus fuerzas para salir de ese horrible campo de exterminio sin éxito y acabas en un profesional de la medicina que perfectamente te atiende, pero en mi caso no me sirvió de nada y a muchas otras personas análogas tampoco, porque en un sentido figurado, es como si en dormitorio pusieses muchos colchones para amortiguar el ruido, ese ruido que es el que atormenta, la voz del acosador, la imagen, el patetismo de sus risas, las carcajadas comunes y la humillación más inhumana que ha experimentado un ser humano, ese ruido se cuela, puedes sentir su olor a humedad, puedes sentir sus vibraciones y en ti aparecen taquicardias, vómitos, perdida del apetito, no creces como persona, por lo que te estás perdiendo parte de la vida y se acaba aforando en pastillas, de las cuales, como no sean bien regladas, resulta que te alivian pero al tiempo continuado de las mismas te encuentras otra vez en el punto de partida pero con otro valor añadido, una dependencia física a una benzodiazepina o en su defecto a los receptadores de serotonina que pasado un tiempo, ya no hacen nada, eres auto inmune, ha ejercido su periodo y si ha logrado algo, al salir al ruedo, cuando ves una esquina iluminada por ese sol, alguien se encarga de hacerte volver al punto de partida, pero no vuelves al mismo sitio, por desgracia caes en otra galería más fría, más opaca donde ya la humedad no está, sino hay fríos, vientos con olor a vejez mental, has vuelto a la casilla de salida pero esta vez penalizado, tienes aun ocupa dentro de ti, si, los fármacos, con el paso del tiempo pierdes el control de llevar un orden, te refugias en ellos y claro, sucede que cuando no tienes el producto, no te lo prescriben o llegar tarde para una cita médica, lamentable suceso y panorama, donde ya la solución es más bien lo que antes explicaba y daba a entender, vuelves a ver las salidas de emergencia, donde algunos lo toman y otros esperan en la desesperación más profunda que existe, vuelve el miedo, las lágrimas, sequedad de boca, sudoraciones incontrolables mal olientes y amarillentas y ya no sabes que hacer, pero no debes de hacerlo, porque por experiencia hablo y el camino que yo elegí porque era cobarde para enfrentarme a mis miedos, es un camino desolador, desértico donde pintas en paredes imágenes irreales que te hacen feliz, vences a todo, no quiero ser menos, soy capaz, a la mierda con todo, pero ojo, que vuelves a subir y de ahí al sótano indigente que es la cueva donde te proteges de ¿ahora de que te puedes proteger?, ni de ti mismo, puesto que no hay nuevamente más salidas airosas, sin embargo, la dependencia psicofarmacológica te visita y te dice, ¡vamos amigo, arriba!, hicimos un pacto, yo te ayudo pero tienes que venir a mi casa, donde te hago héroe por unas horas, donde dejas de pensar y pasas a ser el esclavo de tu adición, viendo que cada vez necesitas más y más y no puedes con más, desvanecimientos, descuidos, durmiendo en calles, desorientado, mal oliente y sin dinero, eso con suerte claro está, porque sin darte cuenta, puedes acabar con tu vida en vida, es decir, privado de libertad por haber cometido un delito o acto imprudente, pero tu amigo el prestamista, ese que te dijo sal y toma lo que te ofrezco, es un prestamista mental, el cual te induce a que sigas porque tienes dicha adición pero al mismo tiempo no puedes disociar, es decir, si el escape está en la bebida y en tomar ¡pastillas! u otros productos de los cuales, sabemos sobradamente y que forman un negocio millonario a costa de la salud, se han solidificado, no puedes separarlos, son un matrimonio indisoluble, si te vas a tu nueva amiga la adición dentro de su ramificación extendida, tienes que atender a todas sus ramas, ya que si no, aparece de nuevo otro síntoma maligno y que te hace perder la totalidad de persona que eres, el síndrome de abstinencia, no sabría describirlo habiendo vivido conmigo años y años, búscate la vida, haz lo imposible, porque ya no puedes hacer nada, aún existe el problema raíz, el tema que te condujo a la soledad forzada, ese que aún no has limpiado.
Pero tocar estos temas es dificultoso y al mismo tiempo un atrevimiento, pues nunca se debe de hacer lo que a otro creyó funcionarle y para nada es cierto, pues no le funcionó y no le funcionará.
Y ahora pregúntame, ¿Cómo salir airoso de un acoso, maltrato, insatisfacción personal, sin personalidad? esos a los que la sociedad les llaman “raros”, no se comunican, son ásperos en carácter, son antisociales, no celebran navidad, no están nunca acompañados, viven rodeados de miseria, lleva siempre la misma ropa, ahora va con gafas, no alza la cabeza, es un prepotente, es mezquino, es de no fiar, habla poco y son chorradas, es arrogante, son algunos de los títulos sociales que acabas de logar en la categoría primer campeonato de las licenciaturas sociales dependiendo de tu edad, pero continua la definición de una sociedad recta e inflexible, con el “es….” Son tantas cosas que se pueden aportar pero son también temas delicados y muy personales contar esto así de breve y tan extraño, surrealista, de película de ciencia ficción me es muy difícil, es asomarme al precipicio donde caí, me trae horrendo recuerdos, pero sin duda alguna, la titulación social que no deseaba ni deseo es querer ser protagonista de los fracasos sociales, de los corazones rotos, del embrujo de una cosecha echada a perder, no, para nada, ojalá no fuese el protagonista de mi mísera vida, pero poder llegar a los sesenta años, haber estado preparado para ayudar a otras personas en perjuicio mío pues los problemas de los demás, ahora me los llevo a casa son míos también, ponen su mirada en ti, te pregunta, ¿Qué contestas, ¿Que les dice?, ¿qué?, solo puedo decir, no caigas donde yo caí, porque entonces tu vida la vives entre rejas inexistentes, aislándote y con miedo, demasiado miedo, rejas por las cuales no ves pasar el tiempo, no has disfrutado de sentarte al fresco en un verano, de poder reunirte con familia y disfrutar de una cena, de una navidad, no, en realidad de nada, piensa que el que te acosa, pretende dos cosas, ser líder, liderar el poder o dinero, ser el popular machito de un gallinero por horas, donde posiblemente el acosador haya podido ser acosado, se han dado casos, sin embargo hay otras, pero creo que ya están descatalogadas, ¿qué contestas, que dices como ayudas sin poder ayudarte a ti mismo?, convergen muchas circunstancias que te dan moral y no llevas un guion, escuchas, miras, no obligas a que conteste, piensas, observas y le hablas de algo que haya en común, no eres culpable de nada, una victima más que no ha sabido comprenderse, ni comprender, pues tu mente no habla en positivo, aunque lo busques, las ideas parasitarias, esas que aparecen cuando intentas pensar el algo nuevo, en un proyecto, están ahí y te atacarán en cualquier momento, las ideas parasitarias son como esa emisora de radio que emite algo interesante, pero no cojes bien la frecuencia, se va, se viene, hay ruidos, muchos ruidos que no dejan escuchar con claridad y cuando crees que ya has sintonizado, no es la misma emisora, llega el conformismo y a base de conformismos, llega la polémica, ¿y ahora con quien lo hablo?, difícil, por eso, si lo que estás recibiendo por parte de alguien de tu edad, tanto en la calle como en colegios, institutos, gimnasios, ten presente un algo fundamental, el problema lo tienes que atajar, sin miedos, pero nunca enfrentándote tú mismo, haz que otros que están dispuestos a ayudar, lo hagan por ti, no es comodidad, simplemente ellos son los especialistas con formación y preparados, con ello te digo que si recibes acoso, amenazas, denuncia, la veteranía en este campo es superior y hay personas preparadas, jueces, policía, asistentes sociales, pero pon de tu parte, grita a los cuatro vientos donde estés seguro, me pasa esto, quiero salir, necesito salir, sin embargo l o mío es muy delicado y poco frecuente, pues no existe nadie especialista en quitarte el acoso propio, no, por mucho que a través de años he intentado, ahora quizás me llame a mí mismo, cobarde, incauto, voraz, sin proyectos, viviendo en pura improvisación, pero sigo siendo yo, siento y padezco, sufro sin hacer cómplices, rio y bromeo como un actor en el personaje de ciudadano modélico, casual, pero eso, ¡que más da!, si puedes, si quieres, vences, hoy hay mucha más preparación tanto a nivel de protección como de información que cuando yo empecé a caminar entre barros de lodo.
Nunca se está solo, hay alguna salida que por tí mismo, no puedes ver, aprende a saber pedir ayuda, no es fácil, pero tampoco requiere de mucho esfuerzo.
Acoso, Brutalidad, complejos, sociedad, bulos, redes sociales…
No estás solo, hoy hay gente muy preparada.
Deja que el dolor más insufrible desaparezca, no te lo lleves a casa!

